Vincent Van Gogh



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Vincent Van Gogh
Autorretrato con sombrero de paja

1887
Óleo sobre cartón; 41 x 33 cm

Vincent Van Gogh nació en Groot Zundert, pueblo holandés cercano a la frontera belga, un 30 de marzo de 1853. Era hijo de un pastor evangelista y, si bien fue el mayor de seis hermanos, su madre había tenido un hijo nacido exactamente un año antes, el 30 de marzo de 1852, al que habían llamado Vincent, y que había fallecido poco después de nacer. Así, en el ambiente familiar flotaba la idea de que éste Vincent había venido a reemplazar a aquel primer hijo, cuya pérdida tanta aflicción causó en sus padres. Incluso, desde que tuvo uso de razón y aprendió a leer, Van Gogh podía ver, al costado del templo donde predicaba su padre, una tumba con su nombre (en la que yacía el cuerpo del bebé fallecido). Esta circunstancia puede haber tenido algo que ver con los bruscos cambios de vocación que experimentó a lo largo de su vida y que algunos biógrafos interpretan como una desesperada búsqueda de su propia identidad.

Terminados sus estudios, a los dieciséis años comienza a trabajar en la sucursal de La Haya de la renombrada galería de arte francesa de Adolphe Goupil. Empleado modelo desde un comienzo, fue trasladado a la sucursal belga, donde aprendió francés. En las vacaciones de 1872, se reúne con su familia y entabla un estrecho vínculo afectivo con su hermano Théo, cuatro años menor que él. Un año después, en 1873, Théo ingresa a trabajar junto a su hermano en la firma Goupil, empleo que conservó hasta su muerte. Pronto los hermanos son separados, siendo enviado Théo a la sucursal de Bruselas y Vincent a la de Londres. Comenzó por tal motivo, una comunicación epistolar entre ambos, de fundamental importancia para el conocimiento de su vida y su pensamiento, que duró más de quince años, sólo interrumpida en los períodos en que estuvieron juntos.

Vincent Van Gogh
Los comedores de papas

1885
Óleo sobre tela; 82 x 114 cm

En Londres, Vincent comienza a dibujar en sus ratos de ocio. Allí también sufre su primera decepción amorosa al ser rechazado por Úrsula, la hija de la dueña de la pensión en la que se alojaba. Su desventura aumenta al ser trasladado a la casa central de París, donde no es bien apreciado y se lo despide. Habiendo perdido su empleo, regresa a Londres; intenta reconquistar a su amada pero es nuevamente rechazado y, finalmente, consigue empleo como profesor de francés en una escuela de Ramsgate, pasando luego a otra escuela en Isleworth. Aquí conoce a un pastor de nombre Jones, cuyo ejemplo le inspira una intensa vocación religiosa y decide dedicarse al sacerdocio. En 1877 se halla en Amsterdam estudiando para ingresar en el seminario; luego de un año de estudios los abandona, no siendo capaz de sostener el esfuerzo que le exigían, y opta por formarse como misionero en la escuela evangelista de Bruselas. Una vez egresado, es enviado a misionar en la región carbonera de Walonia, el Borinage, en Bélgica. Durante casi dos años se dedica con pasión pero sin mayor éxito, a la evangelización de los mineros. Compartía su vida miserable, los auxiliaba en la escasa medida de sus posibilidades, pues, como su misión era honorífica, apenas podía mantenerse con algún dinero que le enviaba Théo. Canalizaba en esta actividad su profundo humanitarismo, su amor por los más humildes, su ideario socialista, dando lo poco que tenía a los más pobres, asistiendo a los enfermos o a los heridos en los accidentes de las minas.

Vincent Van Gogh
Naturaleza muerta con zapatos

1886
Óleo sobre tela; 37.5 x 45.5 cm

Durante su estadía en la región minera, Vincent ve acentuarse su preocupación estética y dibuja intensamente. Allí produce un nuevo giro en su vida, descubre que su verdadera vocación es la pintura y decide dedicarse por entero a ella. En julio de 1880, en una carta a Théo le expresa su nueva inquietud y le pide ayuda para llevarla a cabo. Théo, que estaba bien ubicado en la firma Goupil, pero lejos de tener una posición económica desahogada, apoya a Vincent en esta nueva pasión y lo sostendrá económicamente hasta su muerte; una prueba más de la grandeza de alma de Théo y del intenso vínculo filial que unía a ambos hermanos.

Entre 1881 y 1886 estudia dibujo y anatomía en Bruselas; se traslada a diversas ciudades holandesas, siguiendo los cambios de residencia de sus padres; en La Haya recibe los consejos de un pariente suyo, Anton Mauve, pintor, con quien termina disgustándose. Sufre un nuevo rechazo amoroso, esta vez por parte de una prima suya, viuda, de quien se había enamorado; sostiene una extraña aventura con una prostituta, Cristina, que recoge de la calle por humanidad y dejará tiempo después ante el insistente pedido de su hermano Théo. Pinta y dibuja afanosamente; se siente particularmente atraído por la pintura de Millet, Daumier y Courbet, por la inspiración social que late en sus obras, inspiración con la que se siente profundamente identificado. Luego de la muerte de su padre en marzo de 1885, se traslada a Amberes con la intención de estudiar y poder encontrar mercado para sus obras. En otro de sus característicos arrebatos, y seguramente desalentado ante la imposibilidad de encontrar compradores para sus cuadros, se traslada a París, sin siquiera avisarle previamente a Théo, que ya se encontraba residiendo allí, dirigiendo un negocio de arte en el Boulevard Montmartre, que él había abierto por cuenta de Goupil, donde daba cabida a los pintores impresionistas en su salón de exposiciones y en la trastienda, y cuyo sótano se había convertido en lugar de reunión de los jóvenes vanguardistas. En marzo de 1886, los hermanos se encuentran en París y permanecerán juntos en esa ciudad hasta febrero de 1888.

Vincent Van Gogh
Retrato de "Père" Tanguy

1887 - 1888
Óleo sobre tela; 92 x 75 cm

En París toma contacto con la pintura moderna, cuando aun no había cesado el eco de las polémicas y escándalos que provocaron los Impresionistas (y el grupo empezaba a desmembrarse con su última exposición) y ya comenzaban a despuntar las experiencias superadoras de los Postimpresionistas, entre los cuales, tres décadas después, él mismo sería incluido por la crítica de arte. Fue una etapa decisiva en su formación como pintor. Hasta ese momento su pintura había sido oscura, de colores neutros —vale como ejemplo Los comedores de papas, su obra más característica del período holandés—, pero en París se sentirá vivamente atraído por la pintura luminosa de los impresionistas; conoció y recibió la influencia de Pissarro, Seurat, Toulouse-Lautrec, Gauguin; realizó experimentos con la técnica impresionista y puntillista, que lo llevarían a definir su propio estilo; se enredó en los debates y conversaciones sobre temas artísticos que tenían lugar en los cafés de Montmartre o en la pinturería de "Père" Tanguy —pintoresco personaje que apoyaba a los artistas modernos y al que retrató Vincent en varias obras—, lugares donde se reunían sus amigos y donde expondría sus cuadros. Pero la ciudad y la vida urbana lo excitaban y lo llevaban a excesos que dañaban su salud; por otra parte, la naturaleza lo atraía poderosamente. Quiso ir a África, como su admirado Delacroix, pero debió conformarse con trasladarse a la Provenza, en el sur de Francia. En 1888, siempre con el sostén económico de Théo, se instaló en Arlés. Allí, y en la localidad cercana de Saint-Remy, realizó en el corto tiempo que va de marzo de 1888 a mayo de 1890, una impresionante obra pictórica que lo colocaría entre los máximos artistas modernos. Huertos, trigales, olivares y viñedos, paisajes urbanos y retratos, interiores; decenas de cuadros vigorosos en los que «...se expresa una de las individualidades más avasalladoras de la historia del arte.»[1]

Vincent Van Gogh
Autorretrato con caballete

1887 - 1888
Óleo sobre tela; 65 x 50.5 cm

Unos años antes, durante su estadía con su familia en Nuenen (de diciembre de 1883 a noviembre de 1885), cuando ya su salud se había visto afectada por el modo intenso e incansable de pintar, sin tomar en cuenta momentos de descanso o una buena alimentación, había escrito a su hermano Théo una carta cuya lucidez y clarividencia impresionan:

«Vivo para pintar y no para mantener mi cuerpo con buena salud. Creo poder concluir, sin exageración, que mi cuerpo resistirá todavía por unos años, quizás de seis a diez años. No tengo intención de cuidarme, ni de rechazar las emociones y las penas: me es relativamente indiferente vivir durante un tiempo más o menos largo... Vivo como un ignorante que sólo sabe una cosa con certeza: que debe terminar al cabo de algunos años una obra determinada... El mundo no me interesa sino en la medida de la deuda que siento tener para con él, y de la obligación —puesto que he caminado en él durante tantos años—, de dejarle por gratitud algunos recuerdos, en forma de dibujos o cuadros que no han sido concebidos para satisfacer una u otra tendencia, sino para expresar un sentimiento humano sincero.»

Vincent Van Gogh
La cosecha (La llanura de La Crau)

1888
Óleo sobre tela; 73 x 92 cm

En Arlés, Van Gogh alquila un ala de la "casa amarilla", así llamada por el color de su fachada. Dispone allí de cuatro habitaciones, por lo que invita a Gauguin a vivir y trabajar juntos, rescatando a su amigo, siempre con la ayuda de Théo, de la miseria en la que vegetaba en Bretaña. El 20 de octubre de 1888 Gauguin llega a Arlés. Pintan, van juntos al burdel de la Rue du Bout-d'Arles, pasan las noches en el café. Gauguin aconseja a Van Gogh sobre los temas pictóricos que los ocupan; Vincent lo escucha y trata de seguir sus consejos pero pronto comienza a sentir que las imposiciones de una personalidad muy rígida e incapaz de considerar otro punto de vista que no sea el suyo, como la de Gauguin, lo traban y le impiden buscar su propio camino. Dos meses más tarde, Van Gogh escribe a Théo: «Creo que Gauguin se ha desilusionado un poco de la pequeña ciudad de Arlés, de la casita amarilla en la cual trabajamos y sobre todo de mí.» La alegre camaradería entre ambos se transforma en una tensa relación; las discusiones van subiendo de tono hasta que el 23 de diciembre, durante una querella, Van Gogh arroja un vaso a su amigo. A la mañana siguiente Gauguin recoge sus pertenencias y hacia el anochecer abandona la "casa amarilla". Van Gogh lo sigue con una navaja en la mano; cuando Gauguin lo advierte, le basta mirarlo fijamente para que Vincent vuelva precipitadamente a refugiarse en su habitación.

Vincent Van Gogh
Autorretrato con la oreja vendada

1889
Óleo sobre tela; 60 x 49 cm

Esa noche tendrá lugar el episodio más conocido, relatado y analizado por médicos y psiquiatras, de la vida de Van Gogh. Arrepentido, para infligirse un castigo, se corta el lóbulo de su oreja izquierda (aunque en sus retratos parece ser la derecha, debe tenerse en cuenta que el pintor se retrató mirándose en un espejo) y, envuelta en un pañuelo, va a ofrecerla a una de las prostitutas del burdel, a la que se había aficionado. Luego se encierra en su casa sumido en una profunda crisis. La partida de Gauguin no sólo representa la pérdida de un amigo y compañero, también es el derrumbe de un sueño: la constitución de un atelier del Mediodía, que nucleara a un grupo de artistas pintores «...como hacían los viejos monjes, los hermanos de la vida común de los brezales holandeses.» Van Gogh, con su aguda sensibilidad, sentía lúcidamente el aislamiento de la sociedad que sufren los renovadores, el abismo de incomprensión que se había abierto entre ésta y los artistas. Para superar esta situación imagina esa especie de asociación de artistas de la que la reunión con Gauguin podía constituir el comienzo. «Me convenzo cada vez más de que los cuadros que sería necesario pintar para que la pintura actual se hiciese auténtica y se elevase a una altura equivalente a las cumbres serenas alcanzadas por los escultores griegos, los músicos alemanes y los novelistas franceses, superan la potencia de un individuo aislado» había escrito tiempo antes, a su amigo Emile Bernard.

Vincent Van Gogh
Café nocturno

1888
Óleo sobre tela; 70 x 89 cm

Vincent Van Gogh
Terraza de café en la Plaza del Foro

1888
Óleo sobre tela; 81 x 65.5 cm

En la mañana del 26 de diciembre de 1888, es internado en el hospital y se lo ubica en la celda de los locos. Es dado de alta el 7 de enero, pero vuelve al hospital a pedido de un temeroso grupo de vecinos que solicita su internación al intendente de Arlés. Las crisis de locura y de depresión se irán alternando con períodos de lúcido fervor, hasta el fin de su vida. Está débil, come poco; según el doctor Rey que lo atiende, se ha mantenido a café y alcohol. Pero nada le impide pintar: «Trabajo como un verdadero poseso, siento más que nunca un obstinado furor de trabajo. Y creo que esto contribuirá a curarme.» Pinta sus dos famosos autorretratos: Autorretrato con la oreja vendada y El hombre de la pipa; luego seguirán naturalezas muertas, paisajes, el retrato del Dr. Rey y uno del cartero Roulin, de los varios que hiciera a uno de los pocos amigos que tuvo en Arlés. A principios de mayo, por pedido suyo, es llevado por Théo al asilo para enfermos mentales de Saint-Paul-de-Mausole, cercano a la localidad de Saint-Remy.

Vincent Van Gogh
Dormitorio de Van Gogh en Arlés

1889
Óleo sobre tela; 57 x 74 cm

En el hospicio de Saint-Paul permaneció cerca de un año trabajando frenéticamente como era su costumbre: una centena de paisajes además de naturalezas muertas, retratos, sus cuatro últimos autorretratos y más de un centenar de dibujos y acuarelas, componen la producción de esta etapa. También, volviendo a sus primeras influencias, hará cerca de cuarenta copias de obras de Millet, Delacroix, Rembrandt y Daumier. Casi todas las mañanas salía al campo a pintar, seguido por un cuidador que lo vigilaba. Pero también encontraba motivos en el parque del hospital.

Vincent Van Gogh
Parque del asilo de Saint-Paul

1889
Óleo sobre tela



Vincent Van Gogh
Árboles con hiedra en el jardín del asilo

1889
Lápiz, pastel, lapicera de junco y tinta marrón sobre papel Ingres; 62 x 47 cm


Hacia el mes de mayo de 1890 Théo había encontrado un lugar más cercano a París para trasladar a su hermano. En Auvers-sur-Oise, veinte kilómetros al norte de la ciudad y a una hora de tren, Vincent estaría en tratamiento con el doctor Gachet, amigo de varios de los más importantes pintores de fin de siglo como Cézanne, Pissarro y otros. El 17 de mayo llega Van Gogh a París y permanece unos días en casa de su hermano, que para ese entonces ya estaba casado con Johanna Bonger y tenía un niño al que había llamado Vincent. Se muestra alegre y sociable pero impaciente por volver a trabajar, por lo que el 21 parte para Auvers. En poco más de dos meses pintó setenta cuadros, entre los que se hallan sus últimas obras maestras: el Retrato del Dr. Gachet, la Iglesia de Auvers, el Trigal bajo el cielo tempestuoso y, en vísperas de su muerte, Trigal con cuervos. Qué lo llevó a quitarse la vida es algo que no está claro; quizá el cansancio ante la interminable sucesión de períodos de crisis y de lucidez, o tal vez el presentir una nueva crisis. La copiosa correspondencia con su hermano, que tanto revela sobre su vida y su pensamiento, nada aclara sobre el particular. El 23 de julio envió una carta a Théo en la que, entre otras cosas, le decía: «Quería escribirte muchas cosas, pero ya no tengo voluntad, pues siento que es inútil.» El domingo 27 se disparó un tiro en el pecho y, luego de dos días de agonía, falleció el 29 de julio de 1890. Théo muere pocos meses después, en enero de 1891. En 1914 sus restos fueron trasladados junto a los de Vincent, en Auvers.

Auvers-sur-Oise

Auvers-sur-Oise, una pequeña villa de hermosos paisajes y casas de fin de semana, era a fines del siglo XIX un sitio muy frecuentado por los pintores que volcaban en sus cuadros las espléndidas vistas y las pintorescas callecitas del lugar. Esta circunstancia la transforma en un sitio de atracción turística, con un circuito que recorre la casa que habitó el Dr. Gachet; el hostal de la familia Ravoux, en que viviera sus últimos meses Van Gogh y donde se conserva el cuarto en que murió, tal como estaba entonces; la casa atelier del pintor Daubigny y el cementerio con las tumbas de los hermanos Van Gogh. En sus calles se ven reproducciones de los cuadros más famosos, ubicadas en los lugares desde los cuales fueron pintados, como en la Iglesia de Notre Dame, de Van Gogh (izquierda) o una callejuela que inspiró a Cézanne (abajo).


Vincent Van Gogh
La Iglesia de Auvers

1890
Óleo sobre tela; 94 x 74 cm

Cuando Van Gogh descubre su vocación de pintor y abandona su misión evangelizadora, no por eso abandona su fervor social, su amor por los más humildes, los obreros, los campesinos. Y esa es la principal temática de todo el período previo a su llegada a París. No es una exclusividad de Van Gogh; un arte socialista o de inspiración social, influido por las ideas del primer socialismo, el más lírico y utópico, ya contaba con muchos cultores por toda Europa. En Bélgica, James Ensor y el escultor Constantin Meunier; en Alemania, la grabadora Käthe Kollwits, por citar unos pocos ejemplos, reflejaban en sus obras la dura vida de los obreros y campesinos, sus luchas y rebeliones, en una Europa atravesada por los conflictos sociales, la mayor parte de las veces cruelmente reprimidos. Consecuente con este modo de pensar, son su admiración por Millet, Daumier y Courbet, los realistas franceses que reflejaban en su obra la misma problemática. Aunque, paralelamente, también se sintiera fascinado por el colorido y la vehemencia de Delacroix. Pero cuando llega a París, su ideario socialista, pleno de mesianismo humanitario, choca con la realidad: la restauración imperial de Napoleón III había ahogado los sueños democráticos de la "comuna" de París, y los artistas que habían adherido a ella, eran cruelmente escarnecidos. La reacción antidemocrática llegaba a poner bajo sospecha a la generación siguiente de artistas, los impresionistas, a pesar de que éstos, frente a la hostilidad de la crítica oficial y del público burgés, se habían refugiado en los problemas técnicos de la relación entre ciencia y pintura, de la luz, de la transcripción objetiva en la pintura de la visión de la naturaleza, desentendiéndose de los problemas del contenido de la obra, que tanto preocuparon a los artistas realistas y también a los románticos.

Vincent Van Gogh
Trigal con cuervos

1890
Óleo sobre tela; 50.5 x 100.5 cm

Explicar la trágica determinación de Van Gogh exclusivamente desde el punto de vista médico, más que aclarar, elude el problema de fondo. La aguda sensibilidad de un artista como Van Gogh no podía dejar de sentir dolorosamente el fracaso de los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que, habiendo sido creados por la sociedad burguesa desde el Iluminismo y esparcidos por el mundo por la Revolución Francesa, en ese fin de siglo XIX ya se hacía evidente que esa misma sociedad, les daba la espalda. Ante la consolidación de gobiernos retrógrados y de una sociedad que se estratifica sobre la base del poder del dinero, los generosos ideales se derrumban, los artistas ven destruirse todo aquello en lo que habían creído y quedan en una angustiosa soledad. No es Van Gogh el único caso; entre 1870 y los primeros años del siglo XX, muchos literatos y artistas plásticos sufrirán destinos similares y reflejarán en sus obras parecidos sentimientos. El intento de suicidio de Gauguin antes de su fuga a las islas Marquesas; la mordaz crítica a una humanidad absurda y grotesca de las obras que Ensor produce en su voluntario encierro en su casa de Ostende; el gélido terror de las imágenes que Edvard Munch pinta apenas unos años después de la muerte de Van Gogh o páginas como las que Rimbaud escribe en "Temporada en el Infierno": «Mi salud estaba amenazada. (...) Estaba maduro para la muerte y mi debilidad me conducía por un camino de peligros hacia los confines del mundo...» Son los primeros síntomas de lo que finalmente estallará en las vanguardias europeas de la primera mitad del siglo XX, desde el expresionismo hasta el dadaísmo y el surrealismo, como protesta e implícita denuncia de todo lo que en la sociedad oprime al hombre.

Vincent Van Gogh
La Ronda de los Prisioneros (según Doré)

1890
Óleo sobre tela; 80 x 64 cm

A pesar de sus crisis, en las obras de Van Gogh prevalece la lucidez, sostenida hasta el límite de la desesperación. La pincelada nerviosa, alargada, curvilínea y el color violento son la expresión de su agitación interior; Vincent hace pasar la realidad a través del lente de su alma. Sobre el uso del color dirá: «Un pintor hace lo correcto cuando toma como punto de partida los colores de su paleta, en vez de partir de los colores de la naturaleza. El color, por si mismo, expresa algo.» De Café nocturno, cuadro pintado en uno de los momentos en que su tensión interior llega al máximo, le escribía a su hermano: «He tratado de expresar con el rojo y el verde las terribles pasiones de los hombres. (...) He tratado de expresar que el café es un lugar donde podemos arruinarnos, volvernos locos, cometer un delito.» Pero aún en cuadros como ese, el drama aparece como velado por ..."una película transparente de 'alegría japonesa'." como dijera Mario de Micheli, aludiendo a la fascinación que Van Gogh sentía por las estampas japonesas, cuyas características de estilo influyeron en todo el movimiento impresionista y en muchos de los artistas posteriores. Es en sus últimos autorretratos donde se manifiesta más claramente sus estados depresivos, pero cuando vuelve a la naturaleza, renace el fervor que tenía al llegar a Arlés. Sin embargo, hay dos obras claves donde se revela la opresión interior que sentía Van Gogh: La ronda de los prisioneros, pintado en febrero de 1890 sobre un tema de Doré, en el hospicio de Saint-Paul. Una ronda de presos describe círculos sin fin, vigilados por un guardia y dos hombres de galera, encerrados entre muros cuya terminación no llega a verse. Conociendo el desenlace final, esta obra adquiere un claro significado. Trigal con cuervos, su última pintura, parece ser un presagio de su decisión. Esas furiosas pinceladas negras que estropean el azul del cielo, son signo de la crisis que sobrevendría. La sutil película de "alegría japonesa" había desaparecido.


[1]-- Julio E. Payró, Cézanne, Gauguin, Van Gogh y Seurat, Los Héroes del Color y su Tiempo; Editorial Nova, Buenos Aires, 2ª edición, 1963.



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